Soft of Ftia

Lara y la alta sensibilidad

«Con esa sensibilidad, Lara… es normal que te interesen tantas cosas».

Hace apenas un rato que escuché esta frase mientras veía mi serie actual de confort, “Goodbye, Lara”, un romance sáfico de sirenas escrito con especial mimo y dulzura. Es cursi, es divertido, pero, sobre todo, es honesto y amable. Tal vez, por eso, me impactó tanto el momento en el que un personaje algo brusco inicia esta frase que tantas cosas me ha removido por dentro.

Lo admito, al principio se me encogió el corazón al anticipar el final de la frase, resignada a lo que asumía que iba a escuchar: «Todo te va a hacer llorar», «eres una molestia», «no vamos a poder ver nada». Las dos protagonistas, que están en el salón viendo doramas, tienen respuestas totalmente distintas ante los mismos, siendo una totalmente fanática mientras la otra... bueno, los tolera. Y es que la sirena, Lara, se echa a llorar ante una escena absurdamente mala pero cargada de tristeza. Es ahí cuando irrumpe la frase. Es ahí cuando, con el cuerpo encogido de miedo, esperé la queja, el rechazo, pero… no llega. De hecho, la frase acaba bien, suave, ligera como una caricia en la mejilla. Eso… no lo esperaba. Me sorprendió, pues era la primera vez que escuchaba mencionar la gran sensibilidad de alguien para enfocarla de manera positiva, para remarcar algo bueno que te trae, que aporta.

«Es normal que te interesen tantas cosas» (que te llamen diversas narrativas, personas, sus emociones... que seas curiosa, que ames, que busques saber más). Un cumplido tan bello encerrado en tan poco espacio. Una expresión tan comprensiva, tan conciliadora, tan consciente de la sensibilidad y la ternura de Lara... Se me ha erizado la piel. «¿Así que… eso es posible? ¿Así se ve una sensibilidad sostenida, apreciada, valorada? ¿Es verdad que me aporta cosas buenas? ¿Como mis diversos gustos y pasiones? ¿Podía haberlo visto así desde el principio, en vez de como una condena?» Y mil preguntas más que se han arremolinado y peleado por salir a la superficie.

Y es que hay tanto, TANTO duelo, en haber vivido una sensibilidad especial sin diagnóstico y haber crecido creyendo que era un problema. Sentir cómo se te aparta con brusquedad del que debería ser tu espacio seguro, de tu familia, real o escogida. El rechazo acompañado del desprecio, de la burla, del consejo de mutilarlte por tu propio bien. Al final, creces convencida de que la sensibilidad es un problema, de que lo negativo es lo que más pesa, lo que se acumula, lo que te hará estallar y convertirte en un monstruo que despedaze a sus seres queridos mientras lloras. Y esa es la imagen que persiste y eso es de lo que huyes y lo que tratas de esconder.

Y, sin embargo, en una serie entretenida de romance sobre sirenas, alguien abre la boca y… dice las palabras tan exactas y específicas que necesitabas escuchar. Aquellas que resuenan, que te acogen. Que te empapan en dulzura y comprensión y te visibilizan ante ti misma.

Quizá sea verdad que la sensibilidad sin regular pueda ser peligrosa. Pero quizá, tal vez quizá, no seas ningún monstruo.

Nunca… había visto personajes de alta sensibilidad mostrados así. De forma real, con sus inquietudes, impulsos y la hiperactividad clásica del tdah, pero mostrados también con la belleza en ello, con la riqueza. El hecho de poder amar mucho, de sentir curiosidad hacia todas las cosas, de tener mil pasiones o hobbies diferentes, de que te emocionen todas las historias, personas o criatura por tu gran empatía y curiosidad hasta el punto de verte el catálogo completo de un netflix ficticio mientras lloras junto a tu amiga humana.

No sabéis hasta qué punto me ha hecho sonreír, llena de ternura y compasión hacia Lara, hacia la vida, hacia mí misma.

Ha sido simplemente tan... precioso. Y lo mejor es que ni siquiera era un momento álgido ni de validación para Lara. Ella sabe que amar mucho está bien, es el tema central de toda la serie: una familia real de sirenas dotadas del poder de vivir un gran amor porque sienten muchísimo. Como persona neurodivergente y altamente sensible, no puedo evitar sentirme fascinada y emocionada ante una historia que se siente tan personal y reivindicadora.

Siempre digo que la ficción construye realidades. Que nos rodea y empapa, como un círculo de amigos, como las conexiones y relaciones sociales que mantenemos en la escuela, en el trabajo, con un conocido en el ascensor. Son otra ventana al mundo, a un mundo y perspectiva que la autora en cuestión quiere mostrarte. Un pedacito de alma más. Siempre estaré agradecida al desarrollo humano de la capacidad de contar historias y a nuestra pasión por escucharlas y compartirlas.

Hoy puede parecer tontería. Una frase, un momento, una oportunidad para la aceptación de algo, hasta entonces, mal visto. Pero ha sido más. Para las personas como yo que hemos crecido sin escuchar nada positivo, pensando más bien que la neurodivergencia y sus características suponían un problema, un defecto, una rotura incorregible en el adn de nuestra alma, nos ha dado un momento de paz, sosiego y aceptación. Y, con estas sencillas palabras que una autora nos transmite en su personaje, encuentras otra visión que no te habías planteado, que no habías conocido… y algo empieza a moverse dentro de ti, a cambiar y reescribirse.

Y es que el cambio, sin amor, no es capaz de llegar. La nada, solitaria y vacía, no es capaz de crear tierra sin una semilla o fertilizante. No somos criaturas hechas para el aislamiento, no hay honor ni triunfo en el individualismo. Reconozcamos que necesitamos al otro, que necesitamos mirar por las ventanas de su alma para comprender los mundos que existen más allá de nosotros mismos. Y así, tal vez, entre todos los pedazos de cristal que componen nuestras vivencias y corazones, encontremos regocijo en el prisma que refleja la luz que un mismo sol vierte sobre todos nosotros.

Hoy, domingo, mientras veía un anime cursi, divertido y tierno de sirenas, me asomé a un pedacito de su alma, al fragmento del espejo que compone la historia y su mensaje, así como todas las cosas que ama y la rodean. Hoy vi algo más de mundo y algo más de mí y así, cambié un poquito.